La discreta genialidad de Rabagliati (1 de 2)

Mientras paseaba por las calles casi vacías del Salón del Cómic de 2014, en esas últimas horas del domingo en que las carrozas se convierten en calabazas y uno se lamenta por las compras perdidas, me topé con Michel Rabagliati en el stand de firmas de Astiberri. Tenía un montón de chapas de su álter ego Paul esparcidas por la mesa y el aspecto de estar un poquito aburrido. A uno le queda una sensación rara cuando se encuentra con un autor de cómics autobiográficos. Tú eres un completo desconocido para el autor, pero él o ella no lo es para ti. A través de los relatos de Paul he conocido los desengaños amorosos de Michel Rabagliati, le he visto llorar, le he visto crecer, me sé los nombres de sus amigos, tengo media idea de su pensamiento político, me he emocionado con las mismas cosas que a él le han emocionado… Sin duda conozco mejor la vida interior de Rabagliati que la de muchos amigos, y lo mismo podría decir de Chester Brown, Seth o Alison Bechdel. Así que, al ver a Rabagliati en el Salón, no pude evitar una estúpida sensación de responsabilidad y me acerqué a pedirle que me firmase Paul en los Scouts. No soy mitómano –creo que es el primer autógrafo que pido en mi vida- pero, la verdad, cada vez que veo el dibujo de Paul vestido de “lobato” se me alegra un poco el día.

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Lo que más me sorprendió de mi encuentro con el autor de Quebec es que era el único en el stand al que nadie pedía firmas. Me cuesta entender la relativa indiferencia con la que el mercado español acoge a Michel Rabagliati, aunque ojalá los responsables de Fulgencio Pimentel o Astiberri pudieran desmentirme esta impresión y revelar que sus cómics se venden estupendamente. De todas formas, a Rabagliati se le valora más por la temática y tono de sus relatos que por sus méritos como guionista y narrador gráfico. También es cierto que algunos críticos van un poco más allá; El tio berni, uno de los mejores reseñistas del país – y no me refiero únicamente al mundo del cómic- escribió lo siguiente acerca de la capacidad de Rabagliati para manipular, en la acepción más positiva del término, las emociones del lector:

Lo hace fundamentándose en un guión cuya solidez reposa en los detalles y su dosificación, en un juego de scrabble, en una vela, en unos cuantos pitillos. Además, con una sencillez pasmosa, consigue escoger y capturar instantes aparentemente intrascendentes pero que por su verosimilitud resumen momentos de gran trascendencia emocional (Entrecomics)

Seguiré a partir de ahí. El tio berni pone de relieve una de las claves del trabajo de Rabagliati: la minuciosa planificación del guión y de su representación gráfica. En los cómics de Paul –álter ego, recuerdo, del autor- ningún detalle es ocioso y todas las situaciones son parte necesaria del argumento moral. Su modelo narrativo es característico del relato fílmico, en tanto que la trama soporta el peso de los acontecimientos y la subtrama sugiere las claves interpretativas necesarias para comprender el sentido de la historia. Es por esto que las historias de Paul recuerdan más a una película comercial, concisa y cerrada, que a los relativamente complejos cómics autobiográficos de la escuela canadiense, por ejemplo. Esta relación con el cine podría ser un arma de doble filo –yo estoy harto de leer cómics que intentan convertir las viñetas en planos de una película-, pero en el caso de Rabagliati la cosa funciona. Y funciona porque la naturaleza fílmica de sus relatos se limita al diseño de la trama; si atendemos a la planificación visual, a los recursos y soluciones que Rabagliati maneja en cada viñeta, nos daremos cuenta de que estamos ante un autor que juega constantemente con la naturaleza del medio en que trabaja.

Consideremos las siguientes dos viñetas pertenecientes a Paul en los Scouts (Astiberri, 2014, página 16)

scouts16

La trabazón entre las dos viñetas es prodigiosa y bastante arriesgada. En primer lugar, este corte nos recuerda que las leyes visuales del texto fílmico, incluyendo sus mecanismos “prohibidos” (fallos de raccord, saltarse el eje…), no son más que papel mojado en la narración gráfica. Paul sube las escaleras de izquierda a derecha, pero en la segunda viñeta aparece desde la derecha y hacia la izquierda sin que lo justifique ningún desplazamiento de cámara. Rabagliati utiliza la página como un lienzo desplegado que no reconoce más sentido de movimiento que el visual, esto es, el flujo de lectura. El día en que el medio en su conjunto –y no solo sus sectores más avanzados- se dé cuenta del potencial expresivo que se deriva de esta concepción del cómic, los juegos de plano y contraplano que informan la mayor parte de la narrativa gráfica nos sonarán a pura arqueología. Pero continuemos.

Que Paul aparezca por la derecha en la segunda viñeta presenta dos ventajas en términos de fluidez. La primera tiene que ver con el tiempo diegético: al obligarnos a pasear brevemente la vista por la espalda de la madre y por los bocadillos antes de llegar a Paul, nuestro ritmo de lectura “real” se ajusta al lapso de tiempo que transcurre entre que Paul termina de subir las escaleras y entra a la cocina. Dicho de otra forma, al disponer las figuras tal y como lo hace, Rabagliati se ahorra la viñeta intermedia en la que el personaje abre o cierra la puerta. En este caso, como suele ocurrir en casi cualquier relato, cada elemento del que se puede prescindir mejora la experiencia global. La segunda ventaja que se deriva de la inversión del eje visual en estas viñetas es que Rabagliati no necesita forzar ningún escorzo para que Paul siga siendo el protagonista de esta escena. Quizá este punto sería un poco farragoso de explicar, así que os pido que me dejéis pintarrajear un poco en la página.

Vale, no me he currado mucho las flechas, pero para entendernos ya nos vale ^^

Vale, no me he currado mucho las flechas, pero para entendernos ya nos vale ^^

La distribución de las figuras, de los grises y de los globos de texto impulsa nuestra mirada hacia abajo a través de un lento movimiento envolvente que sitúa a Paul en el espacio compositivo predominante de cada viñeta. De esta forma, no solo mantiene al personaje que domina la escena en la centralidad del flujo narrativo, sino que nos impele a seguir a Paul por la página como si el papel fuera su propia casa. Si probáramos a espejar la página y colocásemos a Paul en la izquierda de la segunda viñeta –prolongando el movimiento izquierda-derecha de la primera viñeta para respetar los principios estándar de la continuidad visual- nos encontraríamos con que la madre sería la última figura que veríamos en la conversación. Necesitaríamos una tercera viñeta para devolverle a Paul su papel dominante y mostrar cómo reacciona ante las palabras de la madre. O, en caso de no querer incluir otra viñeta, habría que jugar con la perspectiva, asumiendo con ello el riesgo de sacar al lector de la comodidad que cualquier relato costumbrista necesita. La disposición que utiliza Rabagliati nos hace seguir a Paul en todo momento, sin que perdamos ni un solo segundo en preguntarnos hacia dónde deberíamos dirigir la mirada ni quién suscita nuestra atención.

Rabagliati alcanza así el ideal del contador de historias: evitar que el estilo del autor se interponga entre el lector y el relato; los grandes autores toman a sus lectores de la mano y les ayudan a viajar por sus páginas, por sus párrafos o sus melodías. En una palabra, despliegan su técnica precisamente para hacerla invisible y crear la sensación de que sus historias se cuentan a sí mismas. Incluso de que es fácil hacer lo que hacen. Pero este mérito supremo no se alcanza sin sufrimiento: los cómics de Paul están repletos de soluciones eficaces y meritorias –la presente entrada, de hecho, apenas insinúa alguno de los elementos dignos de estudio en las viñetas seleccionadas-, prueba del trabajo incansable de un autor que no escatima esfuerzos para que nosotros pensemos que no hace ninguno. Esa genialidad silenciosa, casi me atrevería a decir que humilde, es el sello indeleble de Rabagliati, uno de los grandes escritores visuales de lo que va de siglo XXI.

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4 thoughts on “La discreta genialidad de Rabagliati (1 de 2)

  1. El último párrafo lo suscribiría palabra por palabra (bueno, y todo el artículo, si pudiera). Creo que es la mejor explicación que he leído sobre el estilo de Rabagliati, y que es exportable a otros autores, claro. Yo también escribí sobre “Paul en los scouts” en Entrecomics, y, leyendo tu artículo , veo que me quedé a medio camino. ¡Espero con ansia la segunda parte!

  2. ¡Qué lujo de comentarista! ¡Bienvenido! Muchas gracias, Óscar, me alegra que te haya gustado 🙂 Espero tener la segunda parte lista para la semana que viene. La verdad que dos entregas se quedan un poco cortas para todo lo que sugiere Rabagliati, supongo que en un futuro haré algo más al respecto ^^

  3. Gran artículo. Yo también quiero reivindicar a Rabagliati. Por supuesto tiene altibajos —todas sus novelas gráficas no son igual de geniales— pero “Paul va a trabajar este verano” o “Paul va de pesca” me parecen dos obras maestras incontestables, por ejemplo. Yo tampoco entiendo su ninguneamiento.

  4. Gracias, David. Es que es una sorpresa tremenda que Rabagliati pase relativamente desapercibido en un momento en que el cómic de autoficción, como lo denomina el propio Rabagliati, está bastante aceptado por el público. Coincido con las obras que señalas como las más potentes, aunque yo estoy bastante enamorado de Paul en Quebec ^^ Quizá por ser la primera que leí…

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