NABOKOV: Lost In Translation

Se dice que la sinestesia afecta siete veces más a los artistas que a la población común. No sé si es cierto –es una enfermedad compleja a nivel teórico– pero tiendo a desconfiar de las concepciones que intentan presentar a los artistas como gente más sensible de lo normal, aunque tampoco sería extraño que la confusión de los sentidos exacerbase el interés de los niños por la creatividad y por su mundo interior. Nabokov, ilustre sinestésico, ha sido una de las personas que más han hecho por transmitir la forma en que su dolencia le hacía ver el mundo. En una famosa entrevista en la BBC, en 1962, explicó que las letras le hacían experimentar la sensación visual de ciertos colores. Colores muy específicos, dicho sea de paso:

nabokov letras

Para Nabokov la A inglesa tenía el color de la madera decapé y la francesa brillaba en su cerebro como el ébano pulido de un piano. Nabokov era lo que se denomina un sinestésico grafema color y se supone que veía el mundo más o menos así.

grafema color

¿Pudo haber influido esta afección en la querencia de Vladimir Nabokov por los esquemas retóricos del inglés? Pocos escritores contemporáneos han tratado con más delicadeza el caudal de recursos expresivos de la prosa inglesa, exprimidos a conciencia por el ruso. Más allá de la anécdota de la sinestesia, lo cierto es que Nabokov prestó especial atención al aspecto visual en su escritura y nos sirve para recordar algo que se olvida demasiado a menudo: la escritura se ve, entra por los ojos, tal y como lo hace un cuadro o un atardecer, y los caracteres nos permiten jugar con los pesos, las formas… y con el sentido de las palabras.

1.       Una frase intrascendente y  un genio de la tragedia

 Pero empecemos por las imágenes, que es lo que nos ocupa en esta serie de artículos. Hemos empezado en la cima de la montaña de las metáforas, con un adjetivo que nos sitúa en el interior de los personajes antes de que estos mismos sean conscientes de lo que sienten. Durante unos instantes, nos convertimos en demiurgos de la narración. Después, descendimos unos cuantos pasos de la cumbre para quedarnos con un estupendo ejemplo de visualización, menos grandioso pero igualmente efectivo. Ahora, con Nabokov, vamos a ver una metáfora sencilla, un símil que apenas tiene más mérito que proponer una  imagen correcta. Un símil que, la verdad sea dicha, podría hacer cualquier aficionado.

Maduras damas norteamericanas se apoyaban en sus bastones y se inclinaban hacia mí como torres de Pisa

La comparación ni siquiera es del todo precisa: una vieja que se apoya en su bastón tiende a encorvarse, no a “inclinarse” recta como una torre. Pero podemos aceptar la imagen por su contenido analítico, que nos  revela mucho del carácter de Nabokov. Estamos hablando de un autor que se ufanaba de ejercer una tiranía absoluta sobre sus personajes, a los que decía controlar como si fuera un Dios jugando con sus marionetas.  No estoy escogiendo un ejemplo aislado, es la tendencia natural del autor. Hay muy poco que aprender de esta frase en lo que hace a la creación de imágenes.

Pero no vayamos a creer que Nabokov está esforzándose mucho para pensar en la imagen de la torre de Pisa; aún no se ha quitado el pijama. Veamos qué pasa cuando se pone el traje de los domingos:

La miré y la miré, y supe con tanta certeza como que me he de morir, que la quería más que a nada imaginado o visto en la tierra, más que a nada anhelado en este mundo. No era sino el vago humo violeta, el eco muerto de la nínfula sobre la cual me había arrojado con tales gritos en el pasado…

¡Ahora sí que saboreamos la grandeza!  Nabokov, precisamente por ser un autor tan cerebral, tirano de sus historias, es uno de los escritores que más y mejor han transmitido el aspecto trágico de los sentimientos. Las progresiones emotivas de sus relatos responden al punto de vista de un observador que disecciona a sus personajes como quien abre una rana con un escalpelo. La reacción de Humbert ante Lolita es exagerada, improbable, no lo es que diríamos cualquier de nosotros sino  lo que pensaría un poeta, y por eso nos fascina: cada palabra en Lolita, hable quien hable, lleva el sello del propio Nabokov. Solamente oímos su voz porque así lo quiere: es un Dios que reina sobre su creación.

2.       Lost in Translation o por qué no envidio el oficio de traductor

 

Comparada con la intensa declamación de Humbert, las “Maduras damas norteamericanas se apoyaban en sus bastones y se inclinaban hacia mí como la torre de pisa” nos parece una frase bastante pobre. Aunque… quizá merezca la pena escuchar la frase con más atención. A mí me parece que no suena bien del todo. “Maduras damas norteamericanas se apoyaban en sus bastones y se inclinaban hacia mí como torres de Pisa” El traductor está intentando reflejar algún recurso retórico, y lo hace aliterando en “m”, en “b” y con rimas internas muy marcadas en “as” y “an” Está claro que, consciente o inconscientemente, el traductor nos quiere trasladar determinada voluntad de ritmo. Pero el procedimiento resulta burdo, en buena medida por la desigual longitud de los períodos de la frase y por el final insulso, con esa doble erre que no se queda colgando sin influir en el resto de las palabras.

La frase original, en cambio, es un instrumento de relojería que no solo se oye, sino que se puede ver:

Elderly American ladies leaning on their canes listed toward me like towers of Pisa.

 Elderly American ladies leaning on their canes listed toward me like towers of Pisa.

¿Se percibe la influencia de la “l”, que eleva la altura de la frase sugiriéndonos la imagen de la torre de Pisa? La “l” es capital en la prosa de Nabokov como ya indica el inolvidable inicio de Lolita: Light of my life, fire of my loins. My life, my soul. Compadezco a los traductores. En el caso que nos ocupa el juego entre “m-b” del castellano no es más que un triste remedo de la profunda delicadeza con la que Nabokov enlaza “l” y “n”. Echamos especialmente en falta la bisagra que supone la aliteración entre las primeras eles de ladies leaninghead rhyme, diría un inglés- que, gracias a las cuatro enes consecutivas (leaning on their canes), se integran en el ritmo de la segunda parte de la frase con la naturalidad. Merece la pena leer una y otra vez esta frase con la cadencia de un poema: Nabokov dedicó su vida al arte para ser capaz de escribir cosas como estas.

Hay algo más. En la traducción el final de la frase pierde la tensión poética pero en el original ocurre lo contrario: nos encontramos con la aliteración más fuerte, una consonancia, que utiliza toward para reforzar la dureza del grupo “tw” en tower. Este simbolismo sonoro, tan importante para los clásicos grecolatinos y al que tan poco se atiende en la actualidad, no solo imprime coherencia al texto sino que potencia su significado. Y no pretendo sugerir que la traducción sea mala. Quizá sea mejorable, pero la tarea era irresoluble. Cuando se traduce a un escritor preocupado por las palabras siempre se pierde algo del significado. Hay que decidir cuáles van a ser las pérdidas y tratar de minimizarlas. El éxito no es una opción.

Nos dejamos muchos aspectos por analizar en la frase, pero creo que ya nos llega para inferir dos lecciones del ejemplo de Nabokov. En primer lugar, los escritores no tienen por qué ser buenos en todo, no han de dominar al mismo nivel cada faceta del arte. Es más, ni siquiera deben interesarle todas –ni siquiera muchas- para ser considerados grandes. En este caso, un genio del lenguaje ha construido una imagen que apenas cumple su función mínima, pero que se lee con el ritmo de un pequeño poema. Y la segunda lección nos muestra lo que, para mí, es lo único que importa en el arte y en cualquier disciplina seria de la vida. La importancia del trabajo duro y la reflexión previa. La belleza no surge por casualidad, ni por la magia de la inspiración, ni siquiera por el talento. Como decía Picasso, “lo importante es que las musas, cuando lleguen, nos encuentren trabajando”, y esto vale, incluso, para un sinesteta.

Ya tenemos tres modelos de frases bien hechas, en muy diferentes registros. Espero que nos resulten de utilidad para compararlas con autores de best sellers y comprender así qué diferencia a unos de otros. Pero será en la próxima entrada.

Anuncios

5 thoughts on “NABOKOV: Lost In Translation

  1. Había oído hablar de artistas sinestésicos como Kandinsky, dado que me parecía bastante más aplicable a la pintura, me parecía lógico. Pero no sabía del caso de Nabokov.

    Después de leer el texto me resulta hasta perfectamente explicable como su libro más famoso “Lolita” te puede resultar hasta insulso, dentro del perturbador tema que toca, de leerlo en la traducción al castellano. Y sin embargo al leerlo en inglés se le pueden encontrar el atractivo poético que Nabokov intenta transmitir.
    Debemos de empezar a enfocar la necesidad de leer los textos en original, siempre que se factible, o bien que las traducciones se preocupen lo más posible por incluir notas a pie de página con todos estos temas. Recuerdo de editoriales concretas que tienen tendencia a dichas explicaciones a pie de página, pero creo que últimamente se preocupan mucho menos de ese tema.

    Por último un comentario al tema “musas”… Estoy de acuerdo en que la belleza suele ser más fruto del esfuerzo que de la inspiración, pero no nos equivoquemos; hay personas (artistas) con talento para que las musas lleguen a ellos y otros que, simplemente, las musas no les buscan… y tampoco pasa nada…

  2. Estaba preparando ahora algo sobre guión, y me acordé de la traducción de After Hours, de Scorsese, que se convierte en Jo, qué noche. O Harold y Kumar Go To White Castle, que aquí es Dos Colgaos muy fumaos xDD Es que en España -supongo que pasa en más sitios- hay muy poca cultura del idioma original. Con el cuento de que tenemos buenos dobladores, se ha perdido todo el respeto al trabajo de los creadores en otros idiomas. En literatura no hay estas aberraciones, claro, pero el clima general parece considerar que lo importante son las cosas que pasan. Si traduces a Stephen King no pasa nada, porque de veras sus tramas -a menudo estupendas- son el 99% de lo que escribe, pero en el caso de Nabokov te cargas la obra.

    Sí, fui un poco tajante con la afirmación final 😀 Desde luego que hay personas sensibles, o talentosas, o… como lo queramos llamar. Lo que yo quisiera desterrar es el mito del artista espontáneo, del talento puro. Eso sí que no existe, no hay gran artista que no se haya dejado los cuernos trabajando. O.Henry escribe su mejor cuento en tres horas tras una gran borrachera… pero después de haberse pasado la vida aprendiendo el oficio.

    Ahora, evidentemente, García Márquez o Valle Inclán “habían nacido”, como dice Tomás Guasch. O Isco, hay gente a la que se le nota que está justo en su medio ambiente. Pero si García Márquez, en lugar de trabajar 6 horas todos los días, se hubiera dedicado a dar paseos por el campo, no habría escrito ni un cuento.

  3. ‘Talento innato’ que se queda en simple calificativo conceptual sin una dosis importante de trabajo y dedicación. Pienso que sí existe la genialidad artística por el mero hecho de tener talento, lo que no creo es que se produzca -entonces- más que por mera casualidad y no por causalidad. Es decir, creo que solo se consigue frecuencia en la genialidad con la explotación del talento a través del trabajo.

    Nunca había relacionado la sinestesia con la escritura. Le veía más sentido, como dice Papito, a la pintura o incluso la música. Pero desde luego adquiere completo sentido tras tu explicación.

    Estoy fascinado con este trabajo que estás haciendo. Estoy aprendiendo muchas cosas.

  4. Así lo veo yo, Luis. Me gusta mucho el concepto de “frecuencia en la genialidad”, creo que te lo robaré discretamente xD Me interesa mucho la idea del talento, sus límites, lo que permite, lo que depende exclusivamente del trabajo… Creo que era Cortázar el que decía que todo depende de las musas, y que él las llamaba escribiendo ocho horas diarias. De un modo u otro todos los grandes artistas hablan de trabajo y trabajo. A Indurain una vez le preguntaron por su capacidad física y el contestó que había recorrido todas las sendas del dolor… Respuesta que me pone mucho, por cierto ^^

    Lo de la sinestesia… también te digo que siento cierta desconfianza, porque es una enfermedad muy difícil de diagnosticar. Y suena muy “poética”. Pero me parece fascinante la posibilidad de que a algún individuo le haya dado una visión propia del mundo, como parece ser el caso de Nabokov. Luego ya está el tema de las mitologías, como en el caso de Rimbaud y Baudelaire, que según la visión romántica eran sinestetas, y según las malas lenguas iban todo el día ciegos…

  5. Pingback: Esquemas narrativos útiles para vender tu novela. Las ventajas de no apresurarse | Nueve Párrafos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s