HARRYHAUSEN: Un mundo en el que poder vivir

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  1. Cuando perdemos a un ser querido es difícil reconciliarse con su memoria. Los recuerdos casi nos parecen falsos porque cuesta creer que hubiera tanta vida donde ya no queda nada. Cuando muere un artista las cosas son un poco diferentes. No peleamos con su memoria porque ya lo ha hecho él por nosotros; lo mejor de su vida ha consistido en hacerse visible a través de su trabajo. La esencia misma de un creador está impresa en cada una de sus obras. Reconocemos, aunque le veamos a través de una suave neblina, al Harryhausen que vivió en el valle de Gwangi, feliz por haber cumplido el sueño infantil de hacer luchar a un cowboy y a un dinosaurio. Otro Harryhausen quizá luche contra esqueletos codo a codo con Jasón y seguro que en algún lugar de la mente de Ray se proyecta íntegra su versión inconclusa de La Guerra de los Mundos sin escatimar en tentáculos y con las naves en forma de insecto gigante, como debe ser. Qué queréis que os diga… quién pudiera construirse un mundo de fantasía y vivir en él para siempre.

    guerra de los mundos

    tengo la impresión de que la versión de Harryhausen habría sido la mejor relacionada con el texto de H.G.Wells. Un réquiem por las adaptaciones fallidas.

  2. La historia de Rapunzel, obra temprana de Harryhausen, muestra en sus escasos once minutos aquello que le convirtió en un maestro. No me refiero en este caso a la factura técnica  sino al hecho de que Harryhausen pretendía contar historias. El stop-motion o el dynarama no eran más que herramientas que le servían para crear un mundo de fantasía, pero había que trabajar cada expresión facial y cada posición del modelado con la minuciosidad de un artesano.  En este corto de los años cuarenta (nunca perdamos de vista el contexto) hay limitaciones técnicas, pero los gestos de los personajes nos hablan de seres tan reales como el papel en el que escribo. Atención, especialmente, a la progresión de la bruja a partir de 6:40.
  3. La comparación con la versión Disney de Rapunzel deja en mal lugar al siglo XXI. Es un ejemplo terrible de la mediocridad que aqueja al cine de animación, en el que el 3-D acentúa la pobreza de los guiones. Los personajes son cartón puro, estereotipos que gesticulan constantemente para mostrar cuántos músculos tenemos en la cara, simples vehículos de un desfile de tópicos. ¿La Rapunzel de Disney presenta mejor aspecto visual que la de Harryhausen? Faltaría más, han pasado 75 años. Pero es una película sin visión artística ni voluntad de autor, apenas ofrece ideología de género mal disimulada y una vacua exhibición de medios. En definitiva, no se nos invita a recorrer un mundo de fantasía sino a consumir un artefacto cultural recién salido de la cadena de montaje. Es interesante contar el número de gestos inútiles e inverosímiles que se pueden incluir en un trailer de poco más de dos minutos.
  4.  Vaya por delante que no tengo nada contra la tecnología 3-D. Una pistola jamás ha matado a nadie por sí sola -todo se andará- pero sería irresponsable poner pistolas en manos de chimpancés y soltarlos en una guardería. Hagan mentalmente las sustituciones necesarias y tendrán una metáfora adecuada para el estado actual del cine de animación made in Hollywood, empeñado en parir una basura tras otra. Oh, sí, algunas películas nos han arrancado unas cuantas sonrisas. Algunas, como Toy Story, incluso merecen un análisis. Pero hablemos en serio. ¿Cuántas veces en los últimos años nos hemos enamorado de un personaje de animación y hemos  aprendido algo del mundo a través suyo? ¿Cuántas películas de Disney o de Dreamworks en los últimos cuarenta años pueden mirar a los ojos a Chinatown, a La Historia Interminable, a Los 400 Golpes o a La Princesa Prometida? Confío en que nadie argumente que el cine de animación no puede aspirar a tanto. Mencionar a Hayao Miyazaki, Jiri Trnka, Ralph Bakshi o al propio Walt Disney debería bastar para recordar que la animación puede competir con cualquier producto del cine, tanto del convencional como del experimental.
  5. Harryhausen, a sus 92 años, comprendía perfectamente el mundo que le tocaba vivir y los problemas de la animación. Ni renegaba del CGI ni de cualquier avance tecnológico. Por ejemplo, admiraba profundamente la caracterización del Gollum en ESLDA. Sin prejuicios, identificó el peligro más profundo y destructivo de la animación por ordenador:

    En un anuncio de 30 segundos ves las imágenes más asombrosas; la imagen, incluso la más fascinante, ya no volverá a ser espectacular. Se ha abusado tanto de ella que se ha vuelto trivial. Los ordenadores parecen capaces de hacer cualquier cosa, así que la gente lo da por supuesto. Hay algo en la animación por stop-motion que crea un efecto diferente, como un mundo de sueños, y eso es precisamente la fantasía.

  6. Hay una gran lección teórica en el análisis de Harryhausen. Si la forma va por delante del contenido la ruptura de la unidad artística resulta fatal pero la inversa no se aplica. Un mundo de fantasía diseñado con cariño, poblado por personajes verosímiles que tienen algo que decir, siempre nos permitirá contar una buena historia, aunque los medios disponibles sean imperfectos. Avatar, con todo su RealD, es menos creíble que los dinosaurios de Gwangi. Autores  como Harryhausen o Michael Ende no necesitaban más que una maqueta y la palabra para construir mundos en los que merece la pena vivir.

    DEP

    Hasta siempre

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2 thoughts on “HARRYHAUSEN: Un mundo en el que poder vivir

  1. Maravilloso artículo. Totalmente de acuerdo contigo. Parece que el hecho de usar una tecnología más avanzada en la animación es condición suficiente para elaborar catálogos en lugar de películas. Da la impresión de que no les queda un botón del programa sin usar. ¿Harán lo mismo con todo? ¿saldrán a la calle con toda la ropa del armario puesta?

  2. Muchas gracias 🙂 Lo cierto es que es deprimente. No solo no hay el menor interés por el cine experimental y por la innovación, sino que joyas como Dumbo o Alicia en el país de las maravillas nos suenan casi a una edad mítica. Es curioso, en el comic más o menos se ha conseguido trascender la idea de “medio infantil”, pero en el cine de animación diría que el 99% de las tramas están orientadas para niños. Y para niños poco exigentes, encima, que no estamos hablando de Ponyo ^^

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