CÓMO DISTINGUIR A UN BUEN ESCRITOR

INTRODUCCIÓN.

 

Todos los libros pueden dividirse en dos clases: libros del momento y libros de todo momento.

                                                                                      John Ruskin

Criterios generales

 

Supongo que muchos tenemos un libro que cambió nuestra manera de relacionarnos con la lectura y otro que nos estropeó el gusto. En mi caso, el primer libro que me hizo pensar en la literatura como arte fue La Isla del Tesoro, aunque comencé a leerlo como si fuera una aventura más de las que publicaban a cientos las editoriales dedicadas al público infantil y juvenil. Era demasiado pequeño para comprender en qué consistía la gran calidad de la obra de Stevenson pero la experiencia me hizo más consciente de las diferencias entre un tipo de escritor y otro. A partir de entonces empecé a interesarme por escritores clásicos como Melville o Poe y, poco a poco, me aficioné a la buena literatura. Lamentablemente, como en tantas otras cosas, el sistema educativo estaba listo para convertir el placer en imposición: en el primer año de secundaria me obligaron a leer El Árbol de la Ciencia. Fue un espanto, diría que tardé una década en volver a acercarme a los autores españoles de principios de siglo. Aunque hoy soy capaz de apreciar el valor de Pío Baroja, aún siento un rechazo instintivo por su obra. No sé si era el momento adecuado para hacernos leer a Baroja; de lo que estoy seguro es que no era mi momento.

Y es que distinguir la buena literatura es una cuestión dialéctica. Un lector con el gusto mal educado puede leer la obra más conmovedora del mundo –pongamos, por ejemplo, La muerte de Ivan Illich- sin emocionarse; preferirá el best seller de turno, compuesto a base de fórmulas y giros mil veces utilizados. Aún así, muchos consumidores de las novelas de moda tienden a considerar que el hecho de leer implica un acto cultural valioso por sí mismo que les coloca en una posición de superioridad respecto a otros colectivos. Cuando los aficionados al fútbol quieren demostrar que son algo más que hooligans descerebrados exhiben como un trofeo a los escritores futboleros –Montalbán, Galeano, Nabokov…- como si la literatura pudiera redimirles de sus bajas pasiones. Hay algo triste en ese acto de humillación pero, ante todo, hay algo muy injusto. Los aficionados al fútbol, incluso los más ocasionales, saben diferenciar a la perfección entre jugadores buenos y jugadores de élite  incluso pueden hallar matices entre los grandes campeones. La mayor parte de los consumidores de literatura no son tan refinados; el trabajo combinado de los premios literarios, la propaganda mediática y el sistema educativo han logrado difuminar la diferencia entre buenos y malos escritores de manera que poca gente sabe distinguir entre Ken Follet, Chejov, Vila-Matas, Mara Torres o Stevenson.

Pero, ¿cómo distinguir la buena literatura de la mediocre? Vaya por delante algo que puede molestar a determinados herederos del giro lingüístico. No es una cuestión subjetiva. Es legítimo disfrutar más con Torrente 4 que con El Bueno, el feo y el malo, pero nadie se atrevería a negar que haya diferencias de nivel artístico entre ambas. Lo mismo sucede con la literatura. Se han propuesto muchos criterios para distinguir la buena literatura, aunque la mayoría no nos resultan útiles. Se ha dicho que los grandes libros “retratan una época”, que contienen una “porción de la verdad”, que resultan “nuevos cada vez que se leen”… Cualquiera de estas afirmaciones carece del más mínimo rigor analítico. No falta quien emprende el camino contrario y critica el canon literario por sus connotaciones de género, etnia y clase. Es verdad que casi todos los autores considerados clásicos son varones de raza blanca e ideología capitalista pero el canon alternativo, multiétnico, feminizado y contestatario nos sirve de muy poco. Si Orwell hubiera consagrado 1984 a la matanza de comunistas en Indonesia nadie le recordaría, pero la espantosa News From Nowhere sobrevive en círculos de izquierdas solo porque William Morris fue un pensador socialista. Por ahí no llegamos a ningún lado. En general, creo que ningún criterio extralingüístico –por expresarlo de algún modo- es útil cosa para responder a la pregunta inicial.

Curiosamente, pocas veces se destaca algo tan evidente como que la buena literatura está bien escrita. Cualquier libro cuya trama sea rica y original suele estar escrito con belleza, y lo mismo vale para obras más pausadas o reflexivas. ¿Por qué habríamos de perdernos en disquisiciones sobre la perdurabilidad, superioridad moral o perspicacia de los grandes autores cuando todos los libros están compuestos de palabras, frases y párrafos en los que se puede distinguir su calidad? A través de las palabras se puede distinguir a los buenos de los regulares, incluso podemos apreciar que los grandes maestros destacan más en unos aspectos que en otros.

Hay buenos motivos para que los críticos literarios no hagan su trabajo y se dediquen a marear la perdiz: analizar la prosa es muy arriesgado, más aún que analizar el verso. Podrían equivocarse y revelar su ignorancia, pero, aún peor, podrían cuestionar el sistema editorial vigente, basado en el relativismo absoluto. Además, lidiar con el estilo no permite lucirse al crítico: es mucho más fácil interpretar el simbolismo del autor o alardear de conocimientos históricos y biográficos. Por cada reseña que explica cómo utiliza las palabras un escritor hay mil que nos dicen cómo se supone que hemos de leerlo atendiendo a  su militancia, contexto social y traumas infantiles. Es cierto que una cosa no excluye la otra pero hay que hacer ambas: hay que interpretar, pero también hay que explicar.

Y es lo que pretendo hacer durante tantas entradas como pueda: analizar la calidad de las frases de diferentes escritores para explicar en qué destacan unos y en qué destacan otros, y para comprender qué distingue a un gran autor de uno del montón.  Aunque me pueda costar más de un disgusto, también quiero diferenciar entre los talentos de los grandes maestros, porque no todos dominaban en igual medida cada faceta del arte. Talleres literarios y manuales sobre el arte de escribir hacen un flaco favor a la capacidad crítica de los aprendices cuando exhiben a los grandes autores como modelos de virtud sin enfangarse analizando la cualidad de sus aciertos o los motivos de sus errores. Un profesor tan apreciable como Ángel Zapata utiliza textos de sus propios alumnos para ilustrar fallos en la escritura mientras que los grandes escritores le sirven para mostrar cómo se debería escribir. Es una concepción empobrecedora del arte, además de una práctica poco elegante. Los grandes escritores no son modelos de virtud, sino de trabajo, esfuerzo y dedicación. Como decía Balzac, “las grandes obras se riegan con lágrimas”. Creo que la mejor manera de comprender qué es la buena literatura es mostrar el sufrimiento que comporta la escritura y todo el trabajo que requiere componer una buena frase.

 

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2 thoughts on “CÓMO DISTINGUIR A UN BUEN ESCRITOR

  1. Estoy de acuerdo en que la literatura hay que valorarla según lo escrito. Si se conoce la vida, época, etc., del autor, sin duda enriquece y se entiende mejor el texto. Pero para la crítica de un libro, ciñamos el comentario a las palabras, como bien dices. Hoy día es una pena leer las críticas sobre libros: si son del mismo grupo editorial, no hay una mala critica. Todo muy edulcorado.

    Me gustan mucho tus artículos sobre literatura, sobre todo los que analizas textos. Aprendo mucho de tus comentarios. Espero impaciente los siguientes. Muchas gracias.

    • Tengo que pedirte mil disculpas por no haberte contestado hasta ahora. Estuve poco pendiente del blog, pero voy a retomarlo con ganas :) Me alegra mucho que te hayan gustado los artículos, y espero que los próximos te interesen también.

      En cuanto a lo de las críticas… pues sí, es un dolor leer los suplementos literarios, aunque la situación en los blogs no es mucho mejor. Lo de los blogs me duele un poco más, porque mucha gente acepta escribir lo que sea a cambio de que le envien promos. Queda muy poca crítica verdadera, de la que respeta al lector e intenta ayudarle a amar la literatura, pero bueno, es el signo de los tiempos. Al menos tenemos internet…

      Lo dicho, disculpa de nuevo por el retraso y… estate atento al blog :D

      Saludos!

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